jueves, 12 de marzo de 2009

La Wikipedia no es libre


Por Jorge Queirolo Bravo

La Wikipedia no es libre. Eso lo he experimentado en persona. Lamentablemente la versión en español de dicha enciclopedia está en manos de un grupo de ineptos, mentirosos, sinvergüenzas, corruptos e incapaces, autodenominados por sí mismos y sus testaferros lameculos como bibliotecarios y administradores, los que la manejan como si fuera una posesión personal. Sobra decir que se reparten los cargos entre ellos y los usuarios títere que crean para esos fines. Cuando aparece alguien que no es de su gusto lo expulsan sin dilaciones, especialmente si es una persona que piensa con racionalidad y que trata de introducir mejoras. Estos administradores y bibliotecarios de los que hablo llegan al extremo absurdo de que incluso se condecoran entre ellos, con medallas y menciones honoríficas virtuales. Es la manera de autopremiarse por acosar y molestar a los lectores.

Dentro de la Wikipedia no existe ni la más mínima libertad. Sus administradores la conducen de forma absolutamente dictatorial y totalitaria. Muchas de las enciclopedias alternativas, que justamente existen, han surgido debido a la pésima administración que prevalece en la Wikipedia en español, que está bajo el dominio, ciertamente deplorable, de personas cuyo coeficiente intelectual probablemente no es mayor que el de un deficiente mental.

En cuanto a eso de la rigurosidad científica, de la que tanto se ufanan los administradores de la Wikipedia, debo decir que ésta únicamente es un recurso meramente propagandístico, con el cual solamente confunden a la opinión pública y a los usuarios de la enciclopedia. Personalmente conozco muchos artículos cuyos contenidos no son más que una inmensa suma de disparates sin sentido ni veracidad. Desde luego no han faltado los usuarios que han tratado de mejorarlos. La respuesta de los bibliotecarios y administradores de la Wikipedia ha sido expulsarlos bajo el cargo de sabotaje. ¿Eso es libertad? ¿No será mejor hablar de dictadura? Joseph Goebbels, el locuaz ministro de propaganda de Hitler, se pondría verde de envidia ante la notable capacidad para generar mentiras de parte de la Wikipedia en español. Pero no hay mal que dure cien años ni amante de la libertad que lo aguante. A lo mejor terminamos viviendo una segunda Revolución Francesa, pero esta vez en versión informática. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato o, mejor dicho, a los administradores de la Wikipedia?

© Jorge Queirolo Bravo

domingo, 1 de marzo de 2009

La iglesia católica es una farsa


Por Jorge Queirolo Bravo

La iglesia católica es una inmensa farsa dirigida por una pandilla de delincuentes corruptos y mentirosos disfrazados de pastores. ¿Existirán epítetos más adecuados y precisos que éstos para referirse a la jerarquía vaticana? Incluso creo que estoy siendo muy suave, al calificar a esta institución maligna de esa manera tan blanda. Pero son sus seguidores los que tienen la culpa de que ésta sea así, por creer en una sarta de estupideces de grueso calibre, más dignas de una fábula para retardados mentales, que de la realidad imperante y demostrada. ¿Cómo se pueden tragar tanto cuento barato? ¿Desde cuándo una mujer casada puede engendrar hijos y seguir siendo virgen? Esto es lo que continuamente nos dicen de la virgen María, a la que los adherentes a dicho credo tanto veneran. ¿Acaso los fieles católicos no se dan cuenta de que los están engañando descaradamente? ¿No notan que el cristianismo es una tomadura de pelo descomunal?

Lo que en este caso hay que hacer, es abrirle los ojos a la gente y dar a conocer la verdad tal cual es. Solamente así se podrá desenmascarar a esa pieza de teatro burdelesco que es la iglesia católica. El hecho de que haya durado algo más de dos mil años no significa que sea legítima o confiable, sino que únicamente implica que la comedia fue muy bien urdida. En eso sí que han sido unos maestros, y de los buenos. Un rebaño de crédulos e inocentes no constituye una garantía de la veracidad de los dichos del clero, tan sólo revela lo ingenuos y tontos que podemos ser los seres humanos. Da pena ver la desventura de unos pobres individuos desvalidos que, tal como haría una boa hambrienta enroscándose en el frágil cuerpo de su presa que va a tragar, son envueltos con los embustes del clero católico y la fe perniciosa que éste representa. Esos desgraciados seres de los que hablo son los feligreses, cuya cifra afortunadamente va en franco retroceso desde hace años. Que la buena suerte y el raciocinio se apiaden de ellos. La razón es, al fin y al cabo, el peor enemigo de las religiones. ¿No es cierto? ¿Alguien me quiere rebatir?

© Jorge Queirolo Bravo

viernes, 20 de febrero de 2009

Historia y evolución del papel moneda

Por Jorge Queirolo Bravo, escritor, historiador, periodista y crítico literario

Marco Polo y el papel moneda

En el siglo XIII hubo un ciudadano veneciano que emprendió un largo viaje a China, empresa descomunal por esos días. Fue este hecho peculiar, el que catapultó a la fama a Marco Polo. Las anotaciones que se hicieron durante este viaje, contienen las primeras referencias que existen en Occidente acerca de la producción y uso del papel moneda, forma de pago incomprensible para las condiciones imperantes en Europa durante aquella época. Para los contemporáneos de Marco Polo, esta información parecía fantasiosa e indigna de credibilidad. Las aseveraciones del famoso explorador solamente pudieron ser verificadas años más tarde, con los billetes emitidos durante el siglo XIV por la dinastía Ming. Pero el papel moneda comenzó a circular mucho antes, ya que los primeros billetes de los que se tiene noticia aparecieron en el siglo VII d.C. Los chinos llamaron a los billetes “dinero volante”, debido al escaso peso de éstos y a la facilidad con que circulaban en un área relativamente grande. Hacia el siglo X ya tenían un sistema de circulación muy bien estructurado. Poco después que el papel moneda comenzara a existir, debutaron los inevitables falsificadores de este medio de pago. Hasta ahora se guardan archivos que describen la lucha que libraron las autoridades chinas contra este problema. Las penas aplicadas no eran poca cosa y el delito de falsificación se castigaba con la sentencia a muerte del implicado.

Aparición de los primeros billetes en Europa

Los primeros billetes que se hicieron en Europa son de origen mucho más reciente. Se debut se materializó en la península ibérica durante el asedio de los moros en 1483. Desde entonces y hasta la fecha actual, no ha sido posible encontrar una sola muestra que permita saber cómo eran físicamente. Unos trescientos años después del descubrimiento de Marco Polo, un banco sueco emitió, en 1661, los primeros billetes destinados a circular de forma regular en Europa. Éstos eran de confección rústica y manuscritos. Se sabe un poco más de la segunda emisión que se realizó en 1662-1664 y que se imprimió, en lugar de hacerla a mano. No pasaron muchos años, hasta que los otros países de la región siguieron el ejemplo de los suecos y empezaron a emitir papel moneda. Unas pocas décadas más tarde esta forma de pago se extendió por todo el continente.

Cómo y porqué este medio de pago llegó a América

Muchos piensan, erróneamente, que el papel moneda tardó bastantes años en llegar al continente americano, mas esto no fue exactamente así. Se lo introdujo en América del Norte en el siglo XVII, casi en la misma época que en Europa. El factor que causó esto, fue el suministro insuficiente de monedas en el territorio correspondiente a Canadá, que estaba bajo la administración colonial de los franceses. La escasez de monedas ya era crónica y las autoridades decidieron resolver el problema, efectuándolo mediante la puesta en circulación en 1685 de dinero sin valor intrínseco. La intención original era retirarlo tan pronto se normalizaran los envíos de monedas, lo que al final no aconteció. En 1690 sucedió un problema muy similar en Massachussets. Faltaba dinero en metálico para pagarles a los soldados que regresaban desde Canadá. Este inconveniente pronto llevó a la producción de documentos coloniales de crédito, con un valor facial que les confería cierto poder adquisitivo. Poco tiempo después, las demás colonias hicieron emisiones similares. Por entonces existía la creencia de que el incremento en la masa de dinero circulante y disponible traería prosperidad. La consecuencia fue la creación e impresión de grandes cantidades de nuevos billetes. Todos los intentos del gobierno británico para detener esta tendencia inflacionaria fueron vanos y fracasaron estrepitosamente en el comienzo del siglo XVII. El papel moneda norteamericano perdió su valor de forma acelerada, notoria e ineludible.

La liberalidad mostrada por las autoridades estadounidenses, permitió que un número indeterminado de bancos privados de dudosa solvencia se dediquen a emitir papel moneda en cantidades descontroladas. Hubo muy pocas excepciones, siendo una de ellas la política que adoptó el estado de Nueva Inglaterra, factor que dio lugar al surgimiento de un sistema bancario de probada solidez dentro de sus límites. La guerra civil en los Estados Unidos se convirtió en otro problema monetario, especialmente en los estados pertenecientes a la Confederación, los que emitieron grandes cantidades de billetes que rápida y forzosamente perdieron su valor adquisitivo. En la mayor parte de los países de Occidente se desarrolló un sistema centralizado de emisión de billetes a partir de la segunda mitad del siglo XIX, o en las primeras décadas del siglo XX. Los bancos centrales de cada nación desplazaron paulatinamente a los privados en esta delicada misión. Hoy en día, la existencia futura del billete como medio físico de pago está seriamente cuestionada. La aparición y evolución de nuevas formas de pago como las tarjetas de crédito, el cheque electrónico, las tarjetas de débito, el comercio y pago de cuentas por internet, etcétera, nos permiten prescindir con una frecuencia creciente del dinero en efectivo. Es el efecto que genera el llamado dinero virtual.

El caso chileno

Los primeros billetes que se emitieron en Chile fueron conocidos con el nombre de “papelotes” y salieron a circular hacia el final del gobierno de Bernardo O`Higgins. No se conservan ejemplares que permitan saber cómo eran, pero su existencia sí está debidamente documentada. Hubo emisiones ilegales de dinero en Vallenar alrededor de 1837, las que fueron desautorizadas por el gobierno en 1839. Después vino una serie hecha en Valdivia entre 1840-1844 y de la que se conocen dos denominaciones: de 4 y 8 Reales. Posteriormente, y con la Guerra del Pacífico, salen a la circulación una serie de emisiones colectivas en 1879. Éstas estuvieron respaldadas por varias casas comerciales de importancia en Valparaíso y Santiago. Su razón de existir fue la notoria escasez de circulante que afectó a Chile durante el enfrentamiento bélico con Bolivia y Perú. Las denominaciones fueron de 10 y 50 centavos, así como de 1 Peso. Los bancos particulares se dedicaron a la emisión de papel moneda a partir de 1865. Esta situación duró hasta 1881, año en que el estado asumió esa tarea, quitándole dicha facultad a la banca privada. En algunos casos se reselló, durante 1898, billetes provenientes de bancos particulares, a los que se agregó la leyenda “Emisión Fiscal, Lei 1054 del 31 de julio de 1898” en el reverso. En 1891 estalló una cruenta guerra civil que finalmente depuso al presidente Balmaceda, quien terminaría suicidándose al verse derrotado. Esta contienda se constituyó en motivo para que en el norte se pusieran en circulación billetes emitidos por los ferrocarriles salitreros y por la Municipalidad de Iquique. El Banco Central de Chile comienza a funcionar como instituto emisor a partir de 1925, tras la visita de la misión Kemmerer, que fue la base de importantes reformas monetarias. En 1960 se adoptó una nueva moneda, el Escudo, que circuló hasta 1975. Desde entonces y hasta la fecha existe el Peso que todos conocemos.

© Jorge Queirolo Bravo

lunes, 9 de febrero de 2009

Marcial Maciel ya no será santo


Por Jorge Queirolo Bravo

Pensé que lo lograría, que traspasaría triunfalmente la meta que tanto le habría gustado coronar, pero me equivoqué en forma rotunda. Me refiero, obviamente, a Marcial Maciel Degollado, el siempre evocado fundador de los Legionarios de Cristo. Dicho sacerdote, conocido debido a su predilección sexual por los seminaristas, sonaba como un firme candidato a ser canonizado. Ahora todo se arruinó. El festín de beatería hipócrita se derrumbó como un castillo de naipes en medio de un huracán.

¿Qué evento tan poderoso pudo pasar, como para aguarle la fiesta a los legionarios de la infamia? La respuesta es: algo inesperado y tremendamente sorpresivo. ¿Qué tan sorpresivo? Más de lo que se podría esperar de alguien que supuestamente fue célibe, aunque esto haya sido fuertemente cuestionado mientras el personaje aún vivía. ¿Qué sucedió entonces? Resulta que se dice que el inefable Marcial Maciel, además de violar a un cierto número de seminaristas, también fue padre. ¿Qué tiene esto de raro? ¿No es lo normal que un hombre tenga hijos? Para los mortales comunes y corrientes lo es, mas no para un prelado, de acuerdo con los extraños parámetros establecidos por esa institución tan anómala, decadente y anacrónica que es la iglesia católica.

Para la jerarquía eclesiástica que un cura u obispo viole o someta sexualmente a una legión de niños, adolescentes o seminaristas no parece ser un gran pecado. Solamente es motivo de traslados silenciosos para el religioso afectado, de tal manera que el brazo de la justicia secular, en lo posible, no lo alcance jamás. No es nada más que eso, y todos los actos y resoluciones administrativas que conciernen a estos “percances carnales” no tienen otra finalidad específica, como no sea la de proteger al autor material de dichas aberraciones. El mensaje del alto mando clerical a los sacerdotes es, en ese sentido, bien claro y no deja lugar a dudas: viola a todos los niños que quieras, pero no permitas que te descubran.

Tener un hijo ya es un asunto diferente y mucho más complicado. A los ojos del sacro colegio cardenalicio y los obispados esto sí que es un pecado descomunal, a desemejanza del abuso sexual en contra de menores que, en el mejor de los casos, es visto por ellos como una falta de poca cuantía y mucha frecuencia. Y por eso Marcial Maciel ya no será santo. Su imagen de yeso no adornará las bellas catedrales de las capitales europeas y latinoamericanas. No se erigirán santuarios que inmortalicen su memoria retorcida y libidinosa. Carecerá del honor de presidir, dentro de una urna de vidrio y cargado por sus adeptos, una procesión, pese a que éstas cada día son menos concurridas. Tampoco se imprimirán estampitas a colores, con una aureola blanquecina sobre su cabeza, para recordarles a los feligreses y peregrinos su falsa santidad.

Es que Maciel cometió el notorio desacierto de engendrar una hija, con lo cual su figura cayó perpetuamente en desgracia para los fanáticos trasnochados y andropáusicos que dirigen el Vaticano. Eso de ser papá sí que es imperdonable. ¿Cómo se le ocurrió perpetrar semejante tontería a Maciel? ¿No tenía, en ese momento, acaso, suficientes querubines bien dotados con los cuales revolcarse debajo de las sábanas? ¿Quiso el padrecito jugar a ser hombre? ¿Le sobrevino un súbito arrebato heterosexual? Porque, por lo que sabemos, a Marcialito más bien le picaba el culito. O para manifestarlo con una expresión bien criolla y algo vulgar: le gustaba que le atoren el tubo de escape. ¿Se entendió?

No ahondaré más en el tema. Lo que voy a decir a continuación puede sonar curioso, pero defiendo la opción de Marcial Maciel de haber elegido ser papá. Creo, incluso, que es lo único bueno y positivo que hizo en su inmoral vida. Y el clero diocesano debería respaldarme en mis dichos. ¿No dicen ser los más grandes defensores de la familia? Ahí tienen un buen ejemplo de alguien que trató de formar una familia, aunque informalmente. Marcial Maciel ya tiene un retoño propio que le puede poner flores en su tumba en el día del padre. Sus seguidores probablemente ya no lo harán, asqueados por la pérdida de prestigio de su progenitor espiritual. ¿Y qué dice la curia vaticana de todo este lío? Seguramente ya están buscándole un sucesor menos lujurioso a Marcial Maciel. A rey muerto, rey puesto.

© Jorge Queirolo Bravo

miércoles, 21 de enero de 2009

Déficit aeroportuario en Chile


Por Jorge Queirolo Bravo

Chile vive un notorio déficit aeroportuario, que se incrementó visiblemente con la desacertada decisión de cerrar para siempre el aeródromo de Cerrillos. Ya entonces se trató, por todos los medios posibles e imaginables, de advertir al gobierno de turno y a las autoridades pertinentes de lo que pasaría en un futuro cercano. De nada sirvieron las protestas. El gobierno se tapó los oídos y cerró de todas maneras el aeropuerto antes mencionado. ¿Qué intereses habría de por medio? Es difícil elucubrarlo, pero parece por lo menos sospechoso que se haya insistido tanto en proceder al cierre del mismo.

Posteriormente hubo una tragedia aérea en Peñalolén, que enlutó no solamente a los deudos de las víctimas, sino a todo Chile. El país entero se conmovió con el caso, en el que fallecieron en tierra varias personas inocentes y completamente ajenas al vuelo siniestrado. Con motivo de eso se pidió repetidamente el cierre del pequeño aeródromo de Tobalaba, desde el cual despegó la avioneta accidentada, por estar éste situado dentro de una zona urbana y densamente poblada. Puede que la moción esté bien y que realmente sea necesario efectuarla. Pero si efectivamente se la realiza, el déficit aeroportuario no hará más que incrementarse, saturando más los aeropuertos para aeronaves pequeñas que van quedando, con lo cual se deja la puerta abierta a futuras nuevas tragedias. ¿Ésa es la solución? ¿Eso queremos?

Las autoridades fueron pródigas a la hora de dar pretextos para justificar una decisión como la del cierre del aeropuerto de Cerrillos. En este caso, incluso sacaron a colación la construcción de la segunda pista del aeropuerto Arturo Merino Benítez, al que muchos conocen como Pudahuel, por estar emplazado en esa comuna de Santiago. Se dijo que esa segunda pista, cuyos problemas técnicos y de construcción fueron conocidos públicamente, era el reemplazo del aeropuerto de Cerrillos. Nada más falso. El aeropuerto Arturo Merino Benítez es para operaciones internacionales de mediana y gran envergadura y no para aviación deportiva o menor. Se habló de otros aeródromos pequeños situados en la periferia de Santiago, pero ninguno tiene una pista como la que se destruyó en Cerrillos, con más de 2.000 metros de longitud.

En fin, el problema nunca se ha abordado desde una perspectiva realista y mirando los puntos de vista de todos los afectados. Hubo demasiado apuro en eliminar el aeropuerto de Cerrillos. ¿Tan bueno sería el negocio? Los beneficiados nunca lo contarán. Mientras tanto seguiremos esperando que se construya un aeropuerto sustituto, apropiado en cuanto a tamaño y ubicación. ¿Lo harán algún día para bien de todos?

© Jorge Queirolo Bravo

martes, 20 de enero de 2009

Aborto en Chile


Por Jorge Queirolo Bravo

El aborto, como tal, es ilegal en Chile. Lo anterior no significa que no se practique. Se realiza y con más frecuencia de lo que se cree. Eso deja muchas víctimas en el camino. No solamente me refiero a la vida interrumpida del feto en gestación. También son bastante numerosas las madres, especialmente adolescentes, que mueren en el intento, al practicarse un aborto en condiciones higiénicas deplorables o sin la asistencia médica adecuada. Es necesario, a estas alturas, que se legisle para permitir y regular lo que de todas formas ya se hace, pero de manera clandestina y con mucho peligro para la vida de la madre.

Se debería meditar con seriedad acerca del problema del aborto, buscando una solución que se ajuste a la realidad vigente. Y lo importante es que se haga sin ataduras de ninguna clase, pasando por alto la constante intromisión de instituciones perniciosas como la iglesia católica, que sigue creyéndose con el derecho a inmiscuirse en nuestras vidas y sexualidad, pese a que nadie los llama a hacerlo. Los curas y obispos no son ni serán una autoridad o un interlocutor válido ni pueden meterse en las decisiones gubernamentales. El clero no es más que un conjunto de desagradables entrometidos, que al ver disminuir día a día su escasa influencia en una sociedad que ya no les hace caso, han optado por intentar levantar la voz a cualquier precio, aunque nadie o casi nadie los escuche. Ojalá que los legisladores de derecha y de la Democracia Cristiana tengan la sabiduría de lograr obrar con imparcialidad en este caso, escuchando a la gente común y pasando por encima de las inoportunas recomendaciones de la jerarquía eclesiástica, que es una pésima consejera y nada tiene que decir con respecto a la vida de los demás. Los ciudadanos comunes y corrientes lo agradeceremos efusivamente.

miércoles, 7 de enero de 2009

Los hermanos Graco, ¿revolucionarios o demócratas?

Por Jorge Queirolo Bravo, escritor, historiador y periodista

Introducción

Estamos acostumbrados a escuchar historias de individuos que fueron subversivos y que en su época quisieron cambiar el mundo. Muchos procesos revolucionarios efectivamente consiguieron modificar el curso de la historia y uno de ellos, indiscutiblemente, fue la Revolución Francesa. De la misma manera, existen otros reformistas que son algo menos recordados. Es el caso de los hermanos Graco. ¿Pero qué pasó con los hermanos Cayo y Tiberio Graco? En realidad sus nombres no suenan a revolución, excepto para los estudiosos de la historia. Bien vale la pena repasar la obra semiolvidada de estos dos personajes, los que en su momento formularon propuestas que hicieron temblar el orden establecido y que enfurecieron a los poderosos de Roma. Ésta es su historia, la cual merece ser contada.

Obra de los hermanos Graco

Ambos hermanos eran hijos de Tiberio Graco, El Censor, y de Cornelia. Provenían de una familia de origen plebeyo. El primero en sobresalir fue Tiberio, que ganó notoriedad en medio de una severa crisis, la que estremecía con especial fuerza a los campesinos. Sobraban razones para esto como importaciones de trigo a muy bajos precios y abundancia de esclavos, factor que se convirtió en una fuente de suministro de mano de obra extremadamente barata para los propietarios de grandes extensiones de tierra. Esta situación llevó a la bancarrota a la mayor parte de los campesinos pequeños y medianos, los que en su desesperación comenzaron a deshacerse de sus propiedades a precios verdaderamente irrisorios. Lentamente el latifundio se impuso por sobre el minifundio. Se dejó de cultivar cereales y las tierras fueron dedicadas a usos más rentables para sus nuevos propietarios, como pastizales para el ganado, árboles frutales y olivos. La migración del campo a la ciudad se masificó rápidamente, formándose cinturones de miseria alrededor de Roma, en los que la mayoría de sus nuevos habitantes carecían de un trabajo estable. Esta situación sensibilizó a Tiberio, quien propuso una ley de reforma agraria que regulaba la tenencia de la tierra, limitándola a 125 hectáreas por propietario. Es obvio que una propuesta de este tipo no podía ser del gusto de los grandes terratenientes, los que pusieron el grito en el cielo al ver seriamente amenazada su hegemonía. Tiberio fue destituido de su cargo de tribuno. No contentos con esto, los “optimates”, miembros de la clase dirigente, lo hicieron asesinar cruelmente. Así acallaron su iniciativa de defensa de los más débiles y desamparados. Su muerte causó severas convulsiones y guerras internas que se extendieron por muchos años.

Una década después, su hermano Cayo Graco fue ungido con el nombramiento de tribuno de la plebe. Su forma de actuar resultó aun más pasional que la de su controvertido hermano. Actuó conforme a sus convicciones personales y con el firme propósito de minimizar el poder de los “optimates” y senadores. Su meta final consistía en la instauración de una democracia basada en el modelo griego. También intentó restaurar la reforma agraria por la que tanto luchó su hermano. Fue muy consciente de las necesidades de los pobres y menesterosos, y prueba de ello es la ley “frumentaria” que hizo promulgar, según la cual se establecía el compromiso de vender una determinada cantidad de trigo y cereales a precio reducido a cada ciudadano. Fueron medidas de carácter eminentemente popular, pero que chocaron aparatosamente con los intereses de los grupos de poder. Fue como haber nadado contra la corriente y al final, como generalmente sucede, se impusieron los más poderosos, dejando en el camino todo afán democratizador. Cayo Graco no fue reelegido tribuno de la plebe y viéndose acorralado por sus enemigos, optó por pedirle a un esclavo que terminara con su vida. Ése fue el triste epílogo de tan desigual contienda, lo cual demuestra que las pretensiones de justicia social no son una invención reciente, ni propia de un grupo político en particular. Es justo que la historia reivindique los nombres de estos legítimos precursores de la lucha por los derechos del hombre, especialmente de los menos favorecidos. Si recorremos las noticias actuales que nos entrega diariamente la prensa mundial, encontraremos muchas situaciones análogas a lo anteriormente narrado y que aconteció en Roma hace ya más de 2000 años. La pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿Quiénes son los hermanos Graco del siglo XXI? El que sepa la respuesta que tire la primera piedra.