viernes, 19 de diciembre de 2008

Contralor de Chile favorece con sus resoluciones a empresas tabacaleras de su país

Por Jorge Queirolo Bravo

En lo que se considera un dictamen absolutamente favorable a los intereses de las compañías tabacaleras que operan en Chile, la Contraloría General de ese país impartió una serie de resoluciones que facilitan la venta y consumo de cigarrillos en el país. Esto desarma y resta poder a la ley Nº 20.105, cuyo objetivo era disminuir los altísimos índices de tabaquismo existentes en Chile, así como precautelar la salud de los menores de edad.

Una de estas resoluciones tiene relación con la venta de tabaco en las cercanías de los colegios. La normativa vigente que hasta ahora se había aplicado, decía que no se podía vender cigarrillos a menos de 100 metros de distancia de éstos. La ley dictaminaba textualmente lo siguiente:

“Artículo 4º.- Se prohíbe la comercialización, el ofrecimiento, distribución o entrega a título gratuito de los productos hechos con tabaco a las personas menores de 18 años de edad. Las máquinas expendedoras automáticas de este tipo de productos sólo podrán instalarse en establecimientos, lugares o recintos a los cuales, por disposición de la ley, no tengan acceso los menores de edad.

Se prohíbe cualquier forma de publicidad de productos hechos con tabaco en lugares que se encuentren a menos de 300 metros de distancia de los establecimientos de enseñanza básica y media, incluyendo los lugares de venta, salvo lo relativo a los avisos indicados en el artículo anterior. Se prohíbe asimismo, la venta de estos productos en aquellos lugares que se encuentren a menos de 100 metros de distancia de dichos establecimientos. La distancia se medirá desde cada puerta de acceso de los respectivos establecimientos, por aceras, calles y espacios de uso público.”


La contraloría interpretó esta norma a su manera, resolviendo que eso solamente es aplicable a la entrada principal por la que ingresan y salen los estudiantes, y no al perímetro u otras puertas. Gracias a esto, de ahora en adelante, los cigarrillos se podrán vender a los costados de los establecimientos educacionales, siempre que la distancia medida desde el lugar de ingreso de los estudiantes supere los 100 metros.

Otro cambio que se aplicará y que incentiva considerablemente el consumo del tabaco y sus productos derivados, es el que se vincula con los restoranes y establecimientos gastronómicos. La ley establecía que si éstos superaban los 100 metros cuadrados de superficie, era necesario crear ambientes físicamente separados para fumadores y no fumadores, siendo la superficie destinada a los últimos no menos del 60% del total.

El contralor Ramiro Mendoza flexibilizó la norma, en lo que razonablemente se puede interpretar como una firme intención de contribuir a fomentar el consumo de los productos que comercializan las empresas tabacaleras. Ya no va a ser necesario ni obligatorio que los restoranes construyan separaciones físicas para segregar a los fumadores de los clientes que no fuman. Bastará con instalar separaciones basadas en sistemas de ventilación, las cuales normalmente no son realmente seguras, pues es bien sabido que dejan pasar el humo de un ambiente a otro. Los no fumadores quedarán completamente desprotegidos y expuestos a aspirar el humo de los fumadores, algo que al contralor Mendoza y a las empresas tabacaleras tiene absolutamente sin cuidado.

Ésta es otra batalla ganada por las influyentes empresas tabacaleras que operan en Chile, que han encontrado en el contralor un aliado de primer orden para imponer sus nefastos productos. ¿Estamos todos eternamente condenados a ser fumadores pasivos, para que el negocio de las empresas tabacaleras pueda florecer debidamente? ¿Qué está primero, la salud de la gente o los intereses de los productores de cigarrillos? La respuesta es obvia frente a lo dictaminado por la contraloría. ¿Qué dirán los legisladores de Chile frente a este atentado en contra de la buena salud de sus habitantes? Ahora es cuando los congresistas pueden demostrar que velan por los intereses de sus representados, no por los de un oligopolio muy poderoso y poco sensible frente a la vida humana.

jueves, 11 de septiembre de 2008

La dictadura de los bibliotecarios

Por Jorge Queirolo Bravo

''No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defendería hasta la muerte su derecho a decirlo''.

Cita apócrifa de Voltaire

Generalmente, al escuchar la palabra “dictador”, uno se imagina a un gobernante muy autoritario y que está en el cargo sin haber sido elegido por la vía democrática. Lo raro, es asociar dicho vocablo a un grupo de bibliotecarios. Normalmente no pasaría. Pero, como en todas las instancias, siempre existen excepciones.

Una de ellas se relaciona con lo que sucede en la Wikipedia, la enciclopedia virtual, que goza de un inusitado prestigio basado en su popularidad, gratuidad y la posibilidad de participar activamente en su redacción y escritura. Hasta ahí todo suena muy bien y atractivo. Aparentemente lo es. Lo que pocos saben, es que dicho medio, al menos en su versión en lengua hispana, está regido por un temible grupo de pequeños tiranos de mentes ratoniles y estrechas, que hacen lo que les viene en gana, sin que exista un control o alguna supervisión efectiva sobre ellos.

Son los llamados “bibliotecarios”, que de tales realmente nada tienen. Más bien deberían llamarse “censores”, ya que mantienen un mal entendido poder de veto sobre las aportaciones que hacen los usuarios, para lo cual esgrimen argumentos absurdos y muy poco convincentes. Se creen a sí mismos dueños de la verdad y actúan como si, en efecto, lo fueran. En la práctica han implementado una censura despiadada, que derriba estrepitosamente el mito de que la Wikipedia es libre, condición de la que actualmente carece por completo.

Y, como en las peores dictaduras, dichos bibliotecarios acallan violentamente a sus críticos. La diferencia estriba en que aquí a los opositores no se los envía a un campo de concentración, a una prisión remota o a un campamento de trabajos forzados. Tampoco se los condena a perecer en el patíbulo o a sucumbir en una inhumana sesión de tortura física. No, aquí se los defenestra a una especie de exilio, pero informático, lo cual se ejecuta mediante el bloqueo de la dirección IP del afectado que, audazmente, se atrevió a protestar contra las arbitrariedades de estos mal llamados administradores.

¿Qué se puede hacer contra este abuso? Dentro de la Wikipedia parece que nada, pese a que formalmente existe un mecanismo de reclamación, que no es más que un mero saludo a la bandera, que casi sin excepción termina por dar la razón a los bibliotecarios. Lo anterior se traduce en fallos internos y espurios a favor de éstos. Habría que ser demasiado ingenuo como para creer que pudiera acontecer lo contrario. ¿No será una utopía pretender algo tan descabellado, como que los representantes de la Wikipedia obren con justicia? Ellos son, simultáneamente, juez y parte, fiscal y abogado defensor de su propia causa. Desconocen el término “imparcialidad”.

Nada cambiará en la Wikipedia, a menos que los usuarios se rebelen masivamente en contra de los bibliotecarios, aunque eso es improbable pese al enorme descontento existente entre el público llano y corriente. Sería muy difícil poner de acuerdo a tanta gente diferente al mismo tiempo. El sistema administrativo de esta enciclopedia está formulado para defender a los bibliotecarios malos, mentirosos e incompetentes. Ellos se han apropiado mañosamente de los escalafones burocráticos de la Wikipedia y los manejan a su más completo antojo, para lo cual han forjado artificialmente un buen número de bibliotecarios títeres. Dicha forma de proceder, anula toda posibilidad exitosa de reclamar contra prácticas más dignas de la GESTAPO hitleriana, que de una enciclopedia que pregona a los cuatro vientos ser democrática y, claramente, no lo es.

El público lector, desde luego, no se ha quedado estático ni permanece indiferente. Se han formado varias enciclopedias alternativas para paliar la falta de libertad y democracia en la Wikipedia. Éstas, de a poco, están tomando fuerza y ganando cada día más adeptos. ¿Qué futuro tendrán en la red? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, mejor tomo distancia de los opresores wikipedistas. No vaya a ser cosa que decidan sentenciarme a muerte por bocón, fusilándome en un paredón… virtual, por cierto.

martes, 9 de septiembre de 2008

Feroz censura en la Wikipedia

Por Jorge Queirolo Bravo

En el portal virtual de Atina Chile (www.atinachile.cl) existe un breve artículo titulado Búsquedas en Wikipedia, fechado el 19 de agosto de 2008, que se refiere a la Wikipedia, señalando respecto de la misma, que la creación de artículos en idioma español es bastante escasa, en contraposición a lo que sucede en otras lenguas como inglés o alemán. Además se añade que la búsqueda de artículos en español sí ocupa un lugar preponderante, con un porcentaje de participación de un 30% del total. De lo que no se habla, y que pocos medios mencionan, es que la Wikipedia, especialmente en español, está administrada por un pequeño grupo de personas que ejercen una censura feroz en contra de la creación de nuevos artículos. Dichos funcionarios, virtuales todos ellos, y que trabajan con la denominación de bibliotecarios, se dedican a eliminar los artículos que no son de su gusto o preferencia, usando criterios que solamente pueden ser calificados como temerarios o altamente inapropiados, por no decir demenciales.

Es lo que justamente pasó con mi biografía. Sucede que soy escritor y en la Wikipedia existía una página que se refería a mi labor como literato. Apareció de un día a otro y nunca supe quién realmente la creó. De a poco, muchos lectores aportaron datos y editaron la página, complementándola paulatinamente. Además se crearon traducciones de dicha biografía, aunque generalmente mucho más breves, en otros idiomas. Al final se podía leer reseñas sobre mi quehacer literario en 42 idiomas diferentes. Esto no fue del gusto de un bibliotecario obsesivo denominado Kved y al que, al parecer, no le gustaban mis libros. Éste, de un día para otro, decidió eliminar, sin fundamentos, mi página. No se contentó con eso, pues también pidió a los administradores o bibliotecarios de las páginas en otros idiomas que hagan lo mismo. De a poco lo ha logrado.

Relato esto para ilustrar al público sobre lo arbitrario del proceder de quienes tienen a su cargo la Wikipedia. Actúan de espaldas a los lectores, sin importarles si una página es requerida, leída o consultada. Aquí se trata de borrar, eliminar y censurar sin dar explicaciones coherentes, excepto esgrimir que se trata de escritos sin relevancia. Claro que eso de la relevancia lo deciden ellos mismos, los bibliotecarios, internamente y sin que nadie que sea externo tenga una injerencia real o efectiva en la decisión. Así funciona la Wikipedia: antidemocráticamente, como en las peores dictaduras.

Sobra decir que no soy el único en esta situación. Hace poco, un bibliotecario mexicano de la Wikipedia propuso el borrado de la página de la escritora chilena Carla Guelfenbein, cuyos libros están entre los más vendidos en su país. El argumento de tan ilustre bibliotecario fue que él no conocía la obra de Carla Guelfenbein. Es perfectamente comprensible que no sepa quién es y nadie, en su sano juicio, podría pretender que sea su obligación conocerla, pero eso no le confiere la razón a este individuo para eliminarla de una enciclopedia. Por suerte, éste fue uno de los poquísimos casos en que primó la razón y alguien logró convencer al bibliotecario de desistir en su irracional empeño.

Esto lo cuento porque la Wikipedia intenta dar una imagen diferente al mundo. Se presentan como si fueran una solución y un gran aporte para el que requiere información, pero detrás de eso hay una realidad que mezcla prácticas totalitarias con una incompetencia patética y mucha desinformación en los artículos. Lo peor es que los administradores o bibliotecarios se niegan a cambiar sus falencias y consideran que su sistema es el correcto. No importa. Ya llegará una enciclopedia virtual un poco más racional y mejor estructurada. Ninguna dictadura es eterna y la Wikipedia no va a ser la excepción. ¿Quién irá a ser el próximo al que le sacarán tarjeta roja? Ni los siete sabios de Grecia podrían responder esa pregunta. La Wikipedia siempre es una cajita de sorpresas, pero de las malas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Reflexiones sobre Marcial Maciel y la iglesia católica

Por Jorge Queirolo Bravo

Es chocante la actitud de la iglesia católica, que durante años encubrió abiertamente los delitos del pervertido cura Marcial Maciel. Él falleció, como inevitablemente nos va a pasar a todos en algún momento, y se fue de este mundo terrenal que habitamos sin haber sido debidamente sentenciado por los tribunales correspondientes. Que Maciel haya sido homosexual es completamente irrelevante. La homosexualidad es una opción sexual más, absolutamente respetable y que en sí no daña ni perjudica a nadie. Lo malo es que Maciel la haya ejercido a la fuerza, valiéndose de su prerrogativa de sacerdote y obligando a personas indefensas a entregarse a él. Eso es lo que efectivamente está mal. Si lo hubiese hecho con mujeres, en un acto heterosexual, seguiría estando mal, pues no por eso dejaría de ser una violación, en la cual alguien es sometido sexualmente contra su voluntad.

En mi lógica, no logro comprender qué atractivo ejerce una orden como los “Legionarios de Cristo” en la gente que tiene dinero y poder. Se puede tener ambas cosas, y de sobra, sin que para ello exista la necesidad de adherirse a un conglomerado que ampara delitos verdaderamente aberrantes. De hecho, uno puede ser millonario sin ser católico, cristiano ni creyente en algún dios. Volviendo al caso del cura Maciel, no me extrañaría que esa maquinaria de propaganda mentirosa que es la iglesia católica lo santificara, y que además lo hicieran en un tiempo récord. Los clérigos son unos verdaderos campeones a la hora de inventar santos, aunque los involucrados en realidad carezcan de las virtudes que generosamente se les atribuye. ¿Acaso no lo van a hacer con el fallecido papa Juan Pablo II? ¿Cuál es la lección que se puede extraer de todo esto? Que con la cantidad adecuada de dinero, influencias o intereses de por medio, cualquiera se puede volver santo dentro de la iglesia católica.

Si Hitler hubiese ganado la guerra y dejado descendencia, y ésta fuera económicamente pudiente o políticamente poderosa, grande sería la probabilidad de que ya lo hubiesen canonizado y presentado ante la opinión pública como un gran héroe. El papa y sus acólitos habrían pasado por alto sus crímenes, excesos, genocidios y actos de locura. Pero como todos sabemos Hitler perdió la guerra, aparentemente se suicidó ante la posibilidad de caer en manos de sus enemigos, no tuvo descendencia conocida y encima no dejó bienes materiales a nadie. ¿Para qué santificar a un personaje así? No sería un buen negocio para el Vaticano. Y el Vaticano se mueve por dinero, poder e influencias, no por hechos espirituales o de fe. Lo de la fe y la espiritualidad no es más que un mero pretexto de la iglesia católica para existir y justificar su presencia.

Con lo expuesto, solamente me queda por recomendar que mejor nos preparemos para ver al degenerado Marcial Maciel convertido dentro de poco en un santo. Su figura posiblemente aparecerá adornando catedrales, presidiendo procesiones (cada vez menos concurridas) e ilustrando estampitas para los ingenuos que se quieren creer el cuento de su santidad. ¿Cuántos dólares serán necesarios para ello? No importa, para eso están las arcas de los Legionarios de Cristo. No escatimarán en gastos, con tal de verlo ascendido a esa categoría, que para los católicos es tan superior y sublime. A mí me da lo mismo, ya que afortunadamente no soy católico ni cristiano. Tengo la suerte de no ser parte de ese rebaño de engañados constituido por la feligresía católica. Así que dejemos que hagan lo que quieran con la memoria de Maciel. Para mí seguirá siendo un monstruo disfrazado de bueno y que tuvo la mala suerte de ser desenmascarado en vida.

sábado, 23 de agosto de 2008

Literatura de Ecuador

Por Jorge Queirolo Bravo


Introducción

La literatura ecuatoriana se ha caracterizado por ser esencialmente costumbrista y, en general, muy ligada a los sucesos exclusivamente nacionales, con narraciones que permiten inferir cómo es y se desarrolla la vida diaria del ciudadano común y corriente. De manera muy certera e inequívoca, podría aseverarse que Ecuador no ha producido literatos cuyos libros se distribuyan masivamente a nivel mundial.

Pese a lo anterior, algunos escritores ecuatorianos han logrado ser medianamente conocidos en los escenarios internacionales, especialmente en los países hispanohablantes o iberoamericanos. Entre éstos tenemos a Jorge Icaza, Juan Montalvo, José de la Cuadra, Pedro Jorge Vera, Pablo Palacio, Demetrio Aguilera Malta, Alfredo Pareja Diez Canseco, Adalberto Ortiz, Nelson Estupiñán Bass, Francisco Tobar García, Alfonso Rumazo González, Alicia Yánez Cossío, José Martínez Queirolo, Javier Vásconez, Miguel Donoso Pareja, Jorge Enrique Adoum, Carlos Carrión, Agustín Cueva, Jorge Queirolo Bravo, Eliécer Cárdenas, Edna Iturralde, etcétera.

Narrativa

Uno de los aspectos más interesantes de las letras ecuatorianas, es que éstas abarcan una cantidad notable de buena narrativa, con autores que lograron fotografiar mentalmente la idiosincrasia criolla y plasmarla extensamente en sus relatos. Nadie podría decir, pese a la crudeza de su contenido que, por ejemplo, las novelas de Jorge Icaza no son un retrato muy hábilmente fabricado de las horribles penurias del indígena de la sierra ecuatoriana. Icaza traslada a sus lectores al escenario que describe e incluso utiliza el mismo lenguaje que tienen los protagonistas en la vida real.

Pero la literatura ecuatoriana no se limita únicamente a Icaza y el indigenismo. También existen otros grandes expositores de la misma, como Alfredo Pareja Diez Canseco, quien destacó más que nada como novelista. Éste, en contraposición a Jorge Icaza, creó novelas esencialmente urbanas, en las que constantemente aflora la denuncia social. Pareja también fue un prolífico historiador, cuyos textos se siguen utilizando, varios años después de su muerte, como material de estudio en la enseñanza media ecuatoriana. Si seguimos en la senda de la novela dedicada a la denuncia social, es imprescindible nombrar a Joaquín Gallegos Lara, cuya obra, aunque breve, es magistral al aludir a los problemas que agobian a la clase obrera y la brutal explotación que ésta sufre a manos de empresarios inescrupulosos. En "Las cruces sobre el agua" narra la peor masacre obrera ocurrida en la historia del Ecuador (1922). Gallegos Lara, al morir, dejó una novela inconclusa, Los Guandos, que fue posteriormente completada y póstumamente editada por Nela Martínez.

Demetrio Aguilera Malta, en cambio, fue más que nada un novelista costumbrista aunque también muy multifacético. En sus escritos describió magníficamente al "montubio", el típico campesino mestizo de la costa ecuatoriana. Entre las mujeres que escriben está Alicia Yánez Cossío, dueña de una considerable y entretenida cosecha narrativa, en la que se incluye la novela "Sé que vienen a matarme", una excelente e imperdible biografía del tirano Gabriel García Moreno y sus crueles e inhumanos excesos mientras era presidente de Ecuador. Dicha novela permite conocer la magnitud de las barbaridades perpetradas por García Moreno, un tirano fanático de la religión católica, que no vacilaba en mandar a matar a sus enemigos.

Dramaturgia

En el campo de la dramaturgia casi no ha habido exponentes relevantes o que hayan alcanzado un alto grado de difusión, especialmente a nivel internacional. Sin duda el mejor, más prolífico y conocido es el guayaquileño José Martínez Queirolo, cuyas obras se han representado en Estados Unidos y Europa, a la vez que han sido traducidas a otros idiomas. También se lo conoce como autor de numerosos cuentos, entre los que también hay algunos creados para niños. Además es un destacado actor y dirige su propia compañía de teatro. Ganó el Premio Nacional de Cultura "Eugenio Espejo" en 2001.

Poesía

En el Ecuador hay un buen número de poetas. Desgraciadamente, la poesía nacional y sus cultores son muy poco, si no totalmente desconocidos fuera de las fronteras del país (y a menudo dentro de ellas). Excepción de esta regla son Jorge Carrera Andrade, César Dávila Andrade, y quizá un poco menos Jorge Enrique Adoum. Sin embargo, la poesía ecuatoriana, por su calidad, merece un espacio propio y destacado en el mundo literario.

Una de las causas para este notorio anonimato es la falta de difusión de la literatura ecuatoriana. Las antologías son escasas en las bibliotecas y en las librerías. Existe la posibilidad de encontrar estudios críticos en revistas y en algunos periódicos, pero no son de fácil acceso para el lector interesado, ya sea dentro o fuera del Ecuador.

Ensayo

La literatura hispanoamericana se ha destacado en este género, y la de Ecuador cuenta, entre otros, con Juan Montalvo, el ensayista más famoso del siglo XIX en lengua castellana.

De los numerosos ensayistas ecuatorianos del siglo XX, por la valía literaria aunque no por la abundancia de la obra, el mayor en cuanto al ensayo de crónica y crítica literaria, junto a Benjamín Carrión y Gonzalo Zaldumbide, es, sin duda, Raúl Andrade.

Otro de los ensayistas más representativos del Ecuador es Agustín Cueva. Sus obras han sido traducidas a varias lenguas, incluso el japonés. Su libro "Entre la ira y la esperanza" es una imagen extraordinaria de la realidad ecuatoriana. Esta obra sintetiza en sólo 200 páginas toda la evolución histórico cultural del Ecuador, haciéndolo desde un planteamiento extraoficial e incursionando en campos tan diversos como la literatura, la pintura, la arquitectura, las relaciones interétnicas, la vida cotidiana, etcétera.

viernes, 18 de enero de 2008


Moscú sin visa

Reseña sobre el libro de Jorge Queirolo Bravo

Por Juan Cameron


Siempre resulta género curioso, éste, el de los libros de viajes. La narración, entre crónica y diario de vida entrega al lector a una idea distinta del medio matizada, por qué no, por la propia visión de mundo de quien escribe.

¿Y yo me pregunto, qué derecho tiene este lector, ese entrometido con arrogancias de juez, para intervenir con su opinión en la rica experiencia allí relatada? ¿Y, por qué no? Después de todo es el destinatario del objeto libro y ninguna norma literaria ni ética podría resolver una mera cuestión de mercado.

La confrontación surge cuando este último conoce el paisaje descrito y compara, desde su propia óptica, si lo afirmado por el escritor corresponde a la verdad. Pero, más allá de su simple opinión, o de la respuesta que de esa comparación surja, este encuentro entre productor y consumidor produce en ambos una amable sonrisa. El “yo estuve ahí” constituye el primer signo de un lenguaje secreto para los protagonistas de la comunicación escrita.

Revisaba hace algunos días las notas de Escrito en la mar, un texto aún inédito de Eduardo Bravo. Este autor, como oficial de marina mercante, nos cuenta que en cierta oportunidad desembarcó en La Rochelle, lugar en el cual -dice allí- hubo una base de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando este hecho histórico es “confirmado” por ese clásico de la filmografía alemana “El submarino”, el novelista crece ante nuestros ojos: “ese tipo sí que sabe”, afirmamos; y nos dan ganas de correr y avisarle.

El escritor profesional tiene muy presente este fenómeno. El poeta Eduardo Parra, el mismo de Los Jaivas, nos señala en La puerta giratoria que Todo hombre joven puede leer a Shakespeare/ Abra la hoja 73/ y déle el pésame/ a Hamlet. El libro fue editado en 1968; no tiene otra referencia sino aquélla.

También se produce una cercanía entre quienes han vivido o atravesado Europa y el libro de crónicas Balkan Express, de la escritora croata Slavenska Drakulic. La suerte del emigrante, su rostro expuesto al ojo avizor del habitante de la tierra, la desconfianza mutua y la carga que toda pérdida significa, se cruzan en la memoria de quien lee, junto a hermosos paisajes, a ratos destruidos por la guerra. Ella nombra Vukovar y recordamos una fotografía de Aldo Francia, que hace un par de días ilustraba una mesa en un pub del Cerro Alegre.

Con certeza podemos afirmar que el encuentro con el lector es el mayor logro a que puede aspirar un escritor. Y en el género referido –el libro de viaje- éste se da un más de una oportunidad. Tal ocurre en Moscú sin visa, de Jorge Queirolo Bravo. El libro, cuya cuarta edición aparece en enero de este año, por Ediciones Altovolta, es una amena monografía (tiene 72 páginas) de un muchacho ecuatoriano que regresa desde Dinamarca a Chile, donde reside su familia, y aprovecha la oportunidad de pasar por la capital rusa.

Jorge Queirolo Bravo nació en Guayaquil, Ecuador, en 1963, y en el intertanto ha residido en Alemania, Israel, Estados Unidos, Argentina y Chile, donde vive actualmente.

En una de esas erranzas ocurre la anécdota. Y los lugares donde el escenario se instala son, a veces, irremediablemente conocidos. La campiña danesa, Aarhus, la península de Jutlandia y sus navegaciones, reaparecen como tantas veces con su vastedad y ese invierno tan presente.

Copenhague y el Tívoli y la oficina de Aeroflot vuelven a la imagen de muchos lectores, así como una simpática finlandesa que recomienda a Queirolo embarcarse en Estocolmo, vía Shannon y Miami, y no aburrirse casi un día en el aeropuerto moscovita. Por lo demás, advierte, la visa diaria habrá de costarle 120 Dólares, un precio superior a un buen hotel y a una mejor comida. Nuestro autor, que no tiene ni el dinero ni las ganas de desembolsarlo, insiste en esa vía y prefiere, por conocer, volar 16.500 kilómetros hasta Santiago. Y parte sin visa.

Nuevamente nos encontramos con él, un sábado por la tarde, a bordo de un flygbåt mientras cruza entre Copenhague y Malmö: las calles estaban más o menos concurridas con gente dedicada a comprar; contrariamente a lo que pensé casi no había nada de nieve, yo me imaginaba que el invierno en Suecia era mucho más frío, comenta. Habría de verlo en verano, piensa el lector más informado y rememora las Elephant y otras cervezas del estío nórdico. ¿Y se habrá cruzado con alguno de nosotros?

Más allá de los ciento veinte dólares, cuanto preocupa a Queirolo es la rigidez de la burocracia rusa, la cual atribuye a alguna obscura herencia del estalinismo. Piensa, por entonces, que la disolución de la Unión Soviética habría traído una mayor apertura en este aspecto. La mirada desde aquí resulta curiosa. Porque, para el lector que ha vivido en los países del norte, se sabe que tal rigidez es propia de la zona y del clima, y no es solamente un legado administrativo. Es más, quien desembarca por vez primera en Helsinki, se sorprende ante la imponente arquitectura pública y la estatuaria en sus plazas; y un ligero temblor le recorre al ver a los soldados finlandeses que cargan fusiles Máuser y usan gruesos abrigos y gorros de piel con una estrella blanca sobre la visera. De haber sido una estrella roja, la imagen de una película norteamericana sobre la ya mentada Rusia, sería la misma.

Queirolo nos aporta una mirada particular, amena y sonriente de ese mundo a veces tan lejano, a veces tan mísero o curioso. Nada más triste que un Mc Donald cerca de la estatua de Pushkin; ya lo sabemos. Su aventura, que es cierta y es también increíble, aporta a nuestra pequeña historia un triunfo fenomenal. El haber entrado a Moscú, sin visa y por veinticuatro horas, es el triunfo nietszchiano sobre la kantiana marca de la administración y la seguridad nacional. Y eso, al lector, lo hace secretamente feliz.

jueves, 17 de enero de 2008

Federico García Lorca, víctima de la intolerancia

Por Jorge Queirolo Bravo, escritor, historiador y periodista

Fueron apenas 38 años los que alcanzó a vivir este gran poeta, antes de que los nacionales lo asesinaran cruel y cobardemente al comienzo de la Guerra Civil Española (1936 - 1939), en el marco de una contienda en la que Federico García Lorca no participaba activa ni pasivamente. De hecho jamás militó en partido político alguno y su vida se circunscribió a sus dos grandes pasiones: la poesía y el teatro. Se le considera como la figura más conocida, admirada y estudiada de las letras castellanas en el siglo XX. “Libro de Poemas” fue su primera obra lírica y por ella rápidamente se lo encasilló como miembro de las escuelas poéticas de vanguardia. Éstas fueron fielmente representadas en las páginas de la revista “Gallo”, órgano que el mismo García Lorca fundó y dirigió en 1928. Después vinieron creaciones como “Romancero gitano” y el “Poema del cante jondo”, las que para muchos fueron una recreación sublime de lo tradicional, aunque con el estilo propio de García Lorca. La “Oda a Walt Whitman”, editada en México en 1933, y “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” se convirtieron en sus últimos libros de versos. Su poesía posee rasgos gitanos y esto se nota en la agilidad de su ritmo. Se dice además, que era más andaluz que español. Fue multifacético en muchos sentidos y también se dedicó a pintar y dibujar. Prueba de ello fue la exposición que se armó con sus obras en Barcelona en 1927. No contento con eso, incursionó en el teatro con notable éxito y llegó a dirigir una sala llamada “La Barraca”, la que pertenecía a una universidad. Sin duda fue el dramatismo implícito en su poesía el factor que inevitablemente lo hizo derivar lentamente hacia el teatro. “Bodas de Sangre” fue su primer gran éxito en este campo y también es hasta ahora el más conocido. Ha perdurado en el tiempo y pasado a ser todo un clásico en el transcurso de una cantidad de años relativamente reducida. Tal vez la razón principal para que se haya convertido en favorita del público sea la forma como el autor la estructuró. Tiene todos los elementos propios de una tragedia clásica, en la que los personajes se ven enfrentados a fuerzas que resultan invariablemente superiores a ellos y con las que no pueden, lo cual inevitablemente los hunde en una amarga y penosa derrota. El ambiente de tristeza y desgracia se percibe desde el primer acto. Este drama sintetiza magistralmente los temas que han sido fundamentales para García Lorca: pasiones poderosas; la muerte haciendo siempre acto de presencia y recordándonos a cada rato lo efímero de nuestra existencia terrenal; así como un inveterado y notorio sentido del honor, que es especialmente grande en las mujeres, las que para él son unos seres desgraciados, aproblemados y llenos de tragedias. Da la impresión que las mujeres reciben un trato hasta cierto punto peyorativo en la obra, aunque leyendo entre líneas y analizando el texto con paciencia, uno llega a la conclusión que ellas cuentan con mucha más fuerza y poder de decisión, que aquel que poseen sus congéneres masculinos. Es indiscutible que Federico García Lorca influenció positivamente el trabajo creativo de toda una generación de poetas españoles. Sus versos están imbuidos por la genialidad propia de quien escribe inspirado por la fuerza del alma y por ello García Lorca tiene un bien merecido sitial de honor en la literatura de habla hispana. Las balas asesinas de los nacionales españoles no pudieron aplacar la excelencia de sus escritos, por el contrario, fueron un granito de arena más en la carrera para inmortalizarlos.