martes, 2 de septiembre de 2008

Reflexiones sobre Marcial Maciel y la iglesia católica

Por Jorge Queirolo Bravo

Es chocante la actitud de la iglesia católica, que durante años encubrió abiertamente los delitos del pervertido cura Marcial Maciel. Él falleció, como inevitablemente nos va a pasar a todos en algún momento, y se fue de este mundo terrenal que habitamos sin haber sido debidamente sentenciado por los tribunales correspondientes. Que Maciel haya sido homosexual es completamente irrelevante. La homosexualidad es una opción sexual más, absolutamente respetable y que en sí no daña ni perjudica a nadie. Lo malo es que Maciel la haya ejercido a la fuerza, valiéndose de su prerrogativa de sacerdote y obligando a personas indefensas a entregarse a él. Eso es lo que efectivamente está mal. Si lo hubiese hecho con mujeres, en un acto heterosexual, seguiría estando mal, pues no por eso dejaría de ser una violación, en la cual alguien es sometido sexualmente contra su voluntad.

En mi lógica, no logro comprender qué atractivo ejerce una orden como los “Legionarios de Cristo” en la gente que tiene dinero y poder. Se puede tener ambas cosas, y de sobra, sin que para ello exista la necesidad de adherirse a un conglomerado que ampara delitos verdaderamente aberrantes. De hecho, uno puede ser millonario sin ser católico, cristiano ni creyente en algún dios. Volviendo al caso del cura Maciel, no me extrañaría que esa maquinaria de propaganda mentirosa que es la iglesia católica lo santificara, y que además lo hicieran en un tiempo récord. Los clérigos son unos verdaderos campeones a la hora de inventar santos, aunque los involucrados en realidad carezcan de las virtudes que generosamente se les atribuye. ¿Acaso no lo van a hacer con el fallecido papa Juan Pablo II? ¿Cuál es la lección que se puede extraer de todo esto? Que con la cantidad adecuada de dinero, influencias o intereses de por medio, cualquiera se puede volver santo dentro de la iglesia católica.

Si Hitler hubiese ganado la guerra y dejado descendencia, y ésta fuera económicamente pudiente o políticamente poderosa, grande sería la probabilidad de que ya lo hubiesen canonizado y presentado ante la opinión pública como un gran héroe. El papa y sus acólitos habrían pasado por alto sus crímenes, excesos, genocidios y actos de locura. Pero como todos sabemos Hitler perdió la guerra, aparentemente se suicidó ante la posibilidad de caer en manos de sus enemigos, no tuvo descendencia conocida y encima no dejó bienes materiales a nadie. ¿Para qué santificar a un personaje así? No sería un buen negocio para el Vaticano. Y el Vaticano se mueve por dinero, poder e influencias, no por hechos espirituales o de fe. Lo de la fe y la espiritualidad no es más que un mero pretexto de la iglesia católica para existir y justificar su presencia.

Con lo expuesto, solamente me queda por recomendar que mejor nos preparemos para ver al degenerado Marcial Maciel convertido dentro de poco en un santo. Su figura posiblemente aparecerá adornando catedrales, presidiendo procesiones (cada vez menos concurridas) e ilustrando estampitas para los ingenuos que se quieren creer el cuento de su santidad. ¿Cuántos dólares serán necesarios para ello? No importa, para eso están las arcas de los Legionarios de Cristo. No escatimarán en gastos, con tal de verlo ascendido a esa categoría, que para los católicos es tan superior y sublime. A mí me da lo mismo, ya que afortunadamente no soy católico ni cristiano. Tengo la suerte de no ser parte de ese rebaño de engañados constituido por la feligresía católica. Así que dejemos que hagan lo que quieran con la memoria de Maciel. Para mí seguirá siendo un monstruo disfrazado de bueno y que tuvo la mala suerte de ser desenmascarado en vida.

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