miércoles, 7 de enero de 2009

Los hermanos Graco, ¿revolucionarios o demócratas?

Por Jorge Queirolo Bravo, escritor, historiador y periodista

Introducción

Estamos acostumbrados a escuchar historias de individuos que fueron subversivos y que en su época quisieron cambiar el mundo. Muchos procesos revolucionarios efectivamente consiguieron modificar el curso de la historia y uno de ellos, indiscutiblemente, fue la Revolución Francesa. De la misma manera, existen otros reformistas que son algo menos recordados. Es el caso de los hermanos Graco. ¿Pero qué pasó con los hermanos Cayo y Tiberio Graco? En realidad sus nombres no suenan a revolución, excepto para los estudiosos de la historia. Bien vale la pena repasar la obra semiolvidada de estos dos personajes, los que en su momento formularon propuestas que hicieron temblar el orden establecido y que enfurecieron a los poderosos de Roma. Ésta es su historia, la cual merece ser contada.

Obra de los hermanos Graco

Ambos hermanos eran hijos de Tiberio Graco, El Censor, y de Cornelia. Provenían de una familia de origen plebeyo. El primero en sobresalir fue Tiberio, que ganó notoriedad en medio de una severa crisis, la que estremecía con especial fuerza a los campesinos. Sobraban razones para esto como importaciones de trigo a muy bajos precios y abundancia de esclavos, factor que se convirtió en una fuente de suministro de mano de obra extremadamente barata para los propietarios de grandes extensiones de tierra. Esta situación llevó a la bancarrota a la mayor parte de los campesinos pequeños y medianos, los que en su desesperación comenzaron a deshacerse de sus propiedades a precios verdaderamente irrisorios. Lentamente el latifundio se impuso por sobre el minifundio. Se dejó de cultivar cereales y las tierras fueron dedicadas a usos más rentables para sus nuevos propietarios, como pastizales para el ganado, árboles frutales y olivos. La migración del campo a la ciudad se masificó rápidamente, formándose cinturones de miseria alrededor de Roma, en los que la mayoría de sus nuevos habitantes carecían de un trabajo estable. Esta situación sensibilizó a Tiberio, quien propuso una ley de reforma agraria que regulaba la tenencia de la tierra, limitándola a 125 hectáreas por propietario. Es obvio que una propuesta de este tipo no podía ser del gusto de los grandes terratenientes, los que pusieron el grito en el cielo al ver seriamente amenazada su hegemonía. Tiberio fue destituido de su cargo de tribuno. No contentos con esto, los “optimates”, miembros de la clase dirigente, lo hicieron asesinar cruelmente. Así acallaron su iniciativa de defensa de los más débiles y desamparados. Su muerte causó severas convulsiones y guerras internas que se extendieron por muchos años.

Una década después, su hermano Cayo Graco fue ungido con el nombramiento de tribuno de la plebe. Su forma de actuar resultó aun más pasional que la de su controvertido hermano. Actuó conforme a sus convicciones personales y con el firme propósito de minimizar el poder de los “optimates” y senadores. Su meta final consistía en la instauración de una democracia basada en el modelo griego. También intentó restaurar la reforma agraria por la que tanto luchó su hermano. Fue muy consciente de las necesidades de los pobres y menesterosos, y prueba de ello es la ley “frumentaria” que hizo promulgar, según la cual se establecía el compromiso de vender una determinada cantidad de trigo y cereales a precio reducido a cada ciudadano. Fueron medidas de carácter eminentemente popular, pero que chocaron aparatosamente con los intereses de los grupos de poder. Fue como haber nadado contra la corriente y al final, como generalmente sucede, se impusieron los más poderosos, dejando en el camino todo afán democratizador. Cayo Graco no fue reelegido tribuno de la plebe y viéndose acorralado por sus enemigos, optó por pedirle a un esclavo que terminara con su vida. Ése fue el triste epílogo de tan desigual contienda, lo cual demuestra que las pretensiones de justicia social no son una invención reciente, ni propia de un grupo político en particular. Es justo que la historia reivindique los nombres de estos legítimos precursores de la lucha por los derechos del hombre, especialmente de los menos favorecidos. Si recorremos las noticias actuales que nos entrega diariamente la prensa mundial, encontraremos muchas situaciones análogas a lo anteriormente narrado y que aconteció en Roma hace ya más de 2000 años. La pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿Quiénes son los hermanos Graco del siglo XXI? El que sepa la respuesta que tire la primera piedra.

1 comentario:

Ediciones Zeppelin dijo...

Me llamo Rafael Rosselló Cuervas-Mons, soy autor y, ahora, autor-editor y os cuento un poco lo que hago y mi trayectoria por si os pudiese ayudar en algo. En el año 2003/2004 publiqué con el sello Span Ediciones una novela "Los contrabandistas del Estrecho"(La ruta del hachís) que tuvo muy buena acogida. Para escribir sobre este tema, durante más de tres años estuve infiltrado con grupos que se dedicaban al tráfico de hachís entre España y Marruecos. Todo lo que cuento en estas novelas está basado en hechos absolutamente reales. Este año, he constituído una editorial, Ediciones Zeppelin, y he sacado al mercado la segunda parte de "La ruta del hachís" que se titula "traficantes", que es una novela que se puede leer sin haber leído Contrabandistas ya que, aunque es la continuación de las aventuras del protagonista, es independiente.
Por otra parte, Ediciones Zeppelin es una editorial que he creado con idea de que autores que no tienen acceso a grades editoriales puedan ver sus obras publicadas y, lo que es más importante, distribuidas por toda España incluyendo grandes superficies. Ediciones Zeppelín ofrece a los autores hacerse cargo de la maquetación, diseño, impresión, gestiones de ISBN y depósito legal de la obra, asesoramiento y distribución por toda la geografía española. Es decir, el autor se convierte en editor de su propia obra, pero amparado por una editorial que, como es obvio, tiene firmado un acuerdo con una importante distribuidora para que esa obra esté en los principales puntos de venta de España, ya que lo principal es la distribución y a un autor que se auto publiqué no le coge ninguna distribuidora. Lógicamente el autor, al ser coeditor de su propia obra, no se reduce a cobrar los derechos de autor, que como sabéis son mínimos, sino que cobra un tanto por ciento importante del precio de venta del libro al público con lo que se le puede asegurar la recuperación del capital que ha invertido en su edición si la obra se vende normalmente.

Es más o menos, por decirlo con otras palabras, la asociación del autor a la editorial para esa obra determinada.
Si alguno estuviese interesado, puede contactar conmigo por mail a rafaelrossello@hotmail.com ó edicioneszeppelin@gmail.com ó por teléfono al 692035667.
Suerte a todos